El Qigong se siente pero no se piensa

 

Un maestro budista dice “¿Qué vida puede compararse con esto? Sentado, solo, tranquilamente, junto a la ventana. Observo como caen las hojas y brotan las flores  cuando las estaciones vienen y van” Y creo que tiene toda la razón. Las cosas no están para pensarlas, sino para sentirlas.

Yo, como el maestro, me siento frente a la ventana y entiendo que el Qigong es una flor que brota, se siente y no se piensa, nos diluye en la realidad que nos envuelve, nos desnuda de nuestros propios prejuicios y nos lleva a ser como la hoja que mece el viento al caer. Cuando hago Qigong siento como si la eternidad se impone al tiempo. Simplemente me dejo llevar por el movimiento que es capaz de anular mi yo más profundo. Como dijo Ghensa Shibi “Es como estar sumergido en el fondo del océano, las olas cubren por completo la cabeza, y sin embargo, no dejas de extender los brazos pidiendo agua”.

Cuando hago Qigong no pienso,  no soy racional, formo parte del universo, yo soy el universo, y eso me transforma en algo mejor, entiendo la vida como una totalidad donde todo está relacionado, donde yo soy tú y tú eres yo y ambos somos una flor que brota.

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